En este Viernes Santo, cientos de personas se reunieron con un mismo propósito: acercarse a Dios y experimentar una verdadera transformación espiritual. Fue un día marcado por la Fe, el recogimiento y la certeza de que el sacrificio del Señor Jesús en la cruz no fue en vano.
Durante la jornada, se realizó la entrega del Aceite de la Luz consagrado en Tierra Santa, un elemento que representó la presencia divina y el poder de Dios actuando en la vida de aquellos que creen. Con Fe, cada persona recibió este Aceite como un punto de contacto para la sanidad, la liberación y la renovación espiritual.
El Viernes Santo nos recuerda el mayor acto de amor de la historia: Jesús entregando Su vida por la humanidad. Como está escrito:
“Pero Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades; el castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por Sus heridas hemos sido sanados.” Isaías 53:5
Este fue un momento especial donde muchos dejaron sus cargas en el Altar, decididos a comenzar una nueva vida, confiando en el poder de Dios para cambiar su historia.
La entrega del Aceite de la Luz no fue solo un acto simbólico, sino una manifestación de Fe que marcó la vida de los presentes, recordándoles que, aun en medio de la oscuridad, la Luz de Dios siempre prevalece.
Este Viernes Santo quedará en el corazón de todos como un día de entrega, esperanza y transformación.