Leé este mensaje y meditá en él hoy
La búsqueda de la belleza puede transformarse en vanidad.
Entonces, ¿cómo permitir que el deseo de estar bien no se convierta en algo pecaminoso?
¿Cómo impedir que el miedo se transforme en cobardía?
¿Cómo hacer para que un talento, una gran habilidad, no derive en orgullo?
¿Cómo asumir responsabilidades sin caer en la ansiedad?
¿Cómo atravesar períodos de tristeza sin permitir que se conviertan en amargura?
¿Cómo vivir el dolor de una pérdida sin aprisionar el corazón en la frustración?
En el fondo, cuando intentamos responder todas estas preguntas de manera rápida y superficial, terminamos revelando un corazón inmaduro, que todavía no ha comprendido la profundidad del mal que habita en el ser humano.
Somos, por naturaleza, desequilibrados. No tenemos disciplina espontánea, resistimos los límites y rara vez elegimos la sabiduría por nosotros mismos.
Solo quien se mira con honestidad puede darse cuenta de cuánto necesitamos un Salvador a cada instante. Necesitamos ser rescatados no solo de las circunstancias de la vida, sino también de nosotros mismos. Solo el Señor Jesús puede salvarnos de la silenciosa autodestrucción del corazón humano.
Dejate rescatar cada día por Él.
Núbia Siqueira
