El pueblo de Israel pasó por grandes pérdidas y miserias, pero la situación descripta por el Profeta Joel tenía como origen un problema aún mayor: el alejamiento de Dios. La verdadera restauración no comienza con la solución de los problemas materiales, sino con un cambio sincero de vida y un regreso al Señor.
El libro retrata un escenario devastador. El pueblo había perdido recursos, cosechas, alegría e incluso la capacidad de ofrendar a Dios. En la actualidad, esa realidad aún está presente en la vida de muchas personas que atraviesan situaciones semejantes.
Hay quienes golpearon muchas puertas y solo recibieron negativas. Ya no hay nadie más a quien recurrir, ninguna promesa de ayuda ni perspectiva humana.
El mensaje de Joel muestra que, cuando todas las alternativas se agotan, Dios sigue siendo capaz de abrir un camino y crear un futuro donde, aparentemente, no hay esperanza.
“Aun ahora, declara el Señor, volved a Mí de todo corazón…”. Joel 2:12-13
A lo largo del mensaje podemos observar que Joel no fue levantado por Dios para resolver solamente una crisis económica o agrícola. Su misión principal era llevar al pueblo al arrepentimiento y a la reconciliación con Dios.
Muchas veces, las personas buscan explicaciones para su sufrimiento en diversos lugares, pero ignoran aquello que realmente necesita ser tratado. Joel comprendió que la peor maldición no era la sequía ni la escasez. El problema más grave era el pecado, porque todo lo que toca termina siendo destruido. Por eso, antes de cualquier milagro, Dios llama al ser humano a abandonar lo que Le desagrada y a volver sinceramente a Él.
En Joel 2, después del arrepentimiento, vemos que el Señor promete hacer que la tierra florezca nuevamente, dar abundancia y restituir los años consumidos por el sufrimiento.
“Entonces os compensaré por los años que ha comido la langosta, el pulgón, el saltón y la oruga, mi gran ejército, que envié contra vosotros”. Joel 2:25
Cuando una persona vuelve verdaderamente a Dios, experimenta una transformación capaz de alcanzar todas las áreas de su vida, porque la fuente de ese cambio está en el propio Señor.
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