El siervo de Dios debe guiarse por la fe, la oración y la disposición de servir
Ante la destrucción de Jerusalén, Nehemías demostró cómo su conducta como siervo de Dios fue decisiva para la reconstrucción de los muros de la ciudad.
La historia también mostró que Dios busca personas con corazón de siervo, dispuestas a asumir responsabilidades y a hacer la diferencia donde estén.
La fe transforma la compasión en acción; es decir, Nehemías primero buscó la dirección de Dios por medio del ayuno y la oración y, de inmediato, se puso a disposición.
Un aspecto crucial para destacar es que la oración nunca debe tratarse como algo secundario. Interceder por quienes sufren demuestra compasión, unidad y confianza en la acción de Dios.
Así como Nehemías, los siervos de Dios son llamados a desarrollar esta sensibilidad ante las necesidades de las personas.
Al pedir autorización para reconstruir Jerusalén, Nehemías ya tenía un plan definido. Además del permiso para viajar, solicitó cartas y los recursos necesarios para llevar a cabo la obra.
Él no confió solo en la buena intención ni en el entusiasmo momentáneo. Al contrario, planificó cada etapa y se preparó para los desafíos, confiando en que Dios haría lo demás.
Dios observa la fidelidad en las pequeñas responsabilidades y honra a quienes Lo sirven con integridad, compromiso y dedicación para ganar almas.
Según la reflexión de este relato, Sambalat y Tobías intentaron impedir la reconstrucción de Jerusalén, pero la oposición no detiene la obra de Dios. Incluso en la actualidad hay quienes intentan dificultar el avance de Su obra. Sin embargo, esas dificultades no desaniman al siervo de Dios, sino que fortalecen su dependencia de Él.
Nehemías, más que sentir compasión, demostró que la verdadera fe se manifiesta por medio de la oración, de la excelencia en el servicio y de la disposición de actuar en favor de los perdidos.
