¡Qué diferencia hay entre confesar un error voluntariamente, ser descubierto y expuesto!
Aquel que por voluntad propia decide confesar, incluso teniendo pérdidas por eso, muestra que se arrepintió y que quiere una oportunidad. Pero aquel que es atrapado en medio de sus faltas y, en lugar de mentir e intentar ocultar, se quiebra y se arrepiente, encuentra el perdón.
Por lo tanto, nadie necesita desanimarse, porque Dios usa todo para bien.
El descubrimiento nunca es un casualidad ni insensatez de un pecador que no estuvo alerta. Y aunque la exposición y la vergüenza causen dolor, todo forma parte del propósito de Dios de rescatar, restaurar y alentar a la persona a buscar un cambio de corazón y mente.
Así que, de una manera u otra, los que se rinden al proceso, siempre tendrán al Espíritu Santo promoviendo la Salvación.
Núbia Siqueira
