Aprendé de dónde surge el hábito de quejarse y cómo evitarlo en tu día a día
La queja es como un globo que, una vez lleno, tarde o temprano acaba explotando. En otras palabras, el acto promueve un alivio temporal de las emociones.
Pero, ¿qué pasa cuando esta acción se vuelve un vicio y esto comienza a formar parte de tu vida cotidiana?
Naturalmente, quejarse se vuelve un hábito, como un imán que es atraído por la negatividad. La queja actúa como un mecanismo de defensa. Esto es, ella ofrece alivio momentáneo de tensiones en búsqueda de la aceptación de los demás.
Quejarse es una manera de ocultar las dificultades de lidiar con las emociones negativas, como baja autoestima, inseguridad, estrés o la necesidad de ser notado, volviéndose un hábito, incluso hasta adictivo.
Quejarse constantemente también puede indicar problemas psicológicos, como:
- Ansiedad
- Depresión
- Mal humor crónico
Además de perjudicar la salud mental, el cuerpo también termina generando síntomas, dejando consecuencias significativas, como:
- Efectos en el cerebro y patrones mentales
- Reducción de capacidad cognitiva
- Aumento de estrés
- Entrenamiento para la negatividad
- Disminución de neurotransmisores
- Efectos en la salud física, como riesgos cardiovasculares e inmunológicos, y cansancio mental.
Para combatir el hábito de quejarse es necesario un ejercicio mental. En la práctica, básicamente se debe:
- Entrenar el cerebro a enfocarse en las soluciones y ser una persona positiva
- Practicar la gratitud, sustituir las quejas por acciones concretas
- Practicar el autocuidado y la aceptación
- Reconocer que no es posible controlar todo y aceptar situaciones que están fuera de control
Esto disminuye la frustración y la necesidad de quejarse.
Ayuno de Zacarías: 7 días sin murmuración
“Haced todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones…”. Filipenses 2:14
Con el objetivo de fortalecer el buen hábito y practicar la Palabra de Dios, la Universal recomienda que hagan el Ayuno de Zacarías. Los participantes tendrán el desafío de vigilar las palabras antes de proferirlas, evitando las murmuraciones.
