El propio Señor Jesús revela esto: el estado de cada uno, esté muerto o vivo.
Seguí el Mensaje a la iglesia de Sardis, descrito en Apocalipsis 3:
“Y escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete Espíritus de Dios y las siete estrellas, dice esto: ‘Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, pero estás muerto’”. Apocalipsis 3:1
Aun haciendo la Obra de Dios, porque la Obra de Dios da vida, ya sea a través de milagros, de la evangelización, del conocimiento adquirido o incluso por tener el título de alguien que vive, como un oficial de la iglesia, colaborador, obrero, misionero, pastor, esposa, si este mismo oficial no tiene vida con Dios, entonces está muerto.
¿Y cuándo la mujer de Dios o el hombre de Dios está muerto?
- Cuando continúa con el título, pero ya no está vivo porque no tiene comunión con Dios.
- Cuando no tiene la alegría de la Salvación.
- Cuando no tiene placer en servir a Dios, en ser usado por Él, en ser contado por Él.
- Cuando no lleva a otros a la vida espiritual, que es el bautismo en las aguas y el bautismo con el Espíritu Santo (puede incluso llevar a las personas a buscar bendiciones, milagros o soluciones a problemas, pero no las lleva al arrepentimiento ni a la Salvación).
“Ponte en vela y afirma las cosas que quedan, que estaban a punto de morir, porque no he hallado completas tus obras delante de mi Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; guárdalo y arrepiéntete. Por tanto, si no velas, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. Pero tienes unos pocos en Sardis que no han manchado sus vestiduras, y andarán conmigo vestidos de blanco, porque son dignos”. Apocalipsis 3:2-4
Entonces, los muertos son aquellos que no se concentran en la vida, que es el Bautismo, la Conversión, la vida con Dios fuera del ambiente de la Iglesia y el Bautismo con el Espíritu Santo, sino que se enfocan en las obras, los milagros y las bendiciones.
Solo los que practican las revelaciones que Dios nos dio a través de la Biblia Sagrada, por el Espíritu Santo directamente y mediante la dirección de la iglesia, el ángel de la iglesia, el Obispo Macedo, nosotros, el Pastor o el Obispo del país, son los que se mantienen vivos y son usados para evitar que los enfermos en la fe mueran y para resucitar a los muertos.
Hay quienes están muertos en la fe, no por las obras, porque por las obras tienen el título de vivos, pero sus obras son de muerte porque no tienen vida con Dios.
Jesús nos manda ser perfectos
Perfectos a los ojos de Dios, es decir:
- Debemos creer,
- Reconocer nuestros errores, confesarlos y abandonarlos,
- Obedecer la Palabra incondicionalmente,
- Practicarla, con o sin ganas,
- Preservar, ser sal, es decir, guardarnos independientemente de las circunstancias,
- Y perseverar hasta el fin.
“Así el vencedor será vestido de vestiduras blancas y no borraré su nombre del libro de la vida, y reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles”. Apocalipsis 3:5
La fe emotiva es religiosa, está en el corazón. No da, solo quiere recibir; esa es la fe religiosa, no quiere dar porque es egoísta.
Por el contrario, la fe bíblica, la fe inteligente, la fe sacrificial, solo quiere dar. Es razón, sacrificio, perseverancia.
¿Y quién nos da esa fe revelada? El propio Espíritu Santo.
Por lo tanto, solo los que practican la Palabra son los que pueden confirmar, no solo las obras, sino, sobre todo, la comunión.
Y estos no solo tienen el título de quienes viven, sino que están vivos para Dios.
En otras palabras, si no nos santificamos, es porque no santificamos el Nombre de Dios en nuestra manera de ser, en nuestra vestimenta.
No estamos vestidos de blanco y nuestro nombre puede ser borrado del Libro de la Vida en cualquier momento.
Es decir, fuimos llamados, elegidos, pero debemos mantenernos elegidos, salvos y sometidos.
Todos necesitamos vencer diariamente las tentaciones, las tribulaciones, los problemas y las persecuciones.
“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” Apocalipsis 3:6
Por eso, asumí tu verdadero estado espiritual: ¿estás vivo o muerto?
Si, al analizar tu vida sinceramente, verificás que estuviste muerto, entonces es hora de resucitar. Dejá las apariencias de lado, dejá de hacer solo para que los demás lo vean, arrepentite genuinamente, abandoná todo lo que es malo y enfocá tu vida en la santificación delante de Dios. ¡Ciertamente, el Espíritu Santo traerá el avivamiento que necesitás!
Y si necesitás ayuda, no lo pienses dos veces, buscá al Pastor de tu iglesia, de tu región, y ciertamente Dios lo usará para orientarlo.
Obispo Júlio Freitas