La historia de Rebeca muestra que la pureza de espíritu abre puertas a oportunidades extraordinarias
Rebeca
¿Por qué Abraham envió a su siervo a centenas de kilómetros para buscar una esposa para Isaac, en lugar de escoger a una de las siervas que ya vivían en su campamento? Aquellas mujeres conocían la lealtad de Abraham a Dios, pero el clima entre ellas fue contaminado.
Después de la situación que involucró a Sara y Agar, muchas siervas probablemente alimentaron rencor contra Sara. Ellas miraban el liderazgo con malos ojos, sintiéndose descartables, y Abraham sabía que una sierva que se siente víctima jamás podría ser una reina sabia.
Rebeca surgió con un espíritu opuesto al de aquel ambiente de desconfianza. A pesar de ser una joven de posesiones, que tenía sus propias siervas, ella no dudó en servirle agua a un desconocido y a sus diez camellos con solicitud y alegría. Rebeca poseía una ingenuidad preciosa. Muchas veces, la desconfianza se adopta como una armadura de autopreservación: construimos murallas para que nadie nos exponga o se aproveche de nosotros. Pero la persona desconfiada vive prisionera. Ella les da lo mínimo a los demás por miedo a ser herida.
Jesús nunca fue una persona desconfiada. Él sabía que Judas lo traicionaría y que Pedro Lo negaría, pero siguió sirviendo y amando. El mal trabaja para ensuciar nuestros ojos, porque si él logra que miremos la Obra de Dios o a las personas con recelo, guardaremos rencores para confirmar nuestro punto de vista. Rebeca, por otro lado, tenía buenos ojos. Cuando el siervo de Abraham le hizo preguntas osadas, ella respondió con sinceridad y hospitalidad.
La verdadera sierva no se preocupa por títulos o cargos. Rebeca era una “sierva rica” que no veía diferencia entre los grandes y los pequeños. Ella estaba lista cuando fue puesta a prueba y escuchó el pedido de partir inmediatamente a una tierra desconocida y casarse con Isaac; su respuesta fue firme: “Iré”. El que pide tiempo para pensar delante de una oportunidad que Dios da, muchas veces pierde la oportunidad por falta de Fe.
La desconfianza incluso puede parecer una protección, pero, en realidad, es un bloqueo a lo divino. Es mejor sufrir con buenos ojos que vivir en la amargura de la sospecha. Si querés ser usada por Dios, necesitás abandonar el espíritu defensivo.
