Entendé por qué la mujer que teme al Señor tiene un comportamiento diferente.
Representar una autoridad es un honor, ahora imaginate ser representante del Señor Jesús: sin duda, esto es un privilegio y una gran responsabilidad. El mismo Señor Jesús fue el Representante de Dios en este mundo (Juan 12:45-49).
Mientras estuvo en la Tierra, Jesús se dedicó a la importante misión de llevar el Evangelio al ser humano, para que este se reconciliara con Dios. Hoy, el Salvador espera que quienes hicieron una Alianza con Él –sus elegidos– también sean sus representantes.
¿Qué indica tu conducta?
Una persona que desea cumplir la honrosa tarea de ser embajadora de Cristo debe prestar atención a su propia conducta, porque su comportamiento no solo refleja quién es, sino, principalmente, a quién representa. Una mujer cristiana, por ejemplo, necesita que sus actitudes sean coherentes con lo que afirma ser. Al fin y al cabo, su misión es presentar a Jesús a otras personas que estén a su alrededor. Este fue el tema de uno de los episodios recientes de la serie Meditación de la Palabra, disponible en Univer Vídeo.
El texto abordado fue Isaías 9:8-21, en el que se narra que el Señor había enviado una Palabra de advertencia a Israel, que, debido a su soberbia y altivez de corazón, estaba sufriendo las consecuencias de sus malos caminos. El Señor levantó algunos enemigos contra la nación, pero mantuvo su mano extendida para ayudarla. A pesar de eso, la población no buscó al Señor de los Ejércitos, quien seguía dispuesto a auxiliarla si se volvía a Él.
Solo de apariencia
Esta misma soberbia y altivez de corazón está presente hoy en muchas mujeres que, al igual que el pueblo de Israel, cometieron errores, pero adoptan la postura de que está todo bien cuando, en realidad, están caídas, ya que no reconocen su error ni se humillan ante Dios. Esta mujer tiene una actitud indiferente respecto a lo sucedido y no piensa: “Dios tuvo misericordia de mí, cometí un gran error, pero voy a humillarme y analizar en qué me equivoqué, dónde caí, voy a buscar convertirme”. Su reacción es como si nada hubiera pasado.
Dios resiste a los soberbios. A diferencia de quien es arrogante, una persona humilde busca mirarse a sí misma, pedir perdón a Dios y reconocer su error ante una autoridad espiritual.
Siempre observada
La mujer que tiene una vida con Dios también enfrenta luchas y situaciones difíciles como cualquier otra; sin embargo, su comportamiento y postura son diferentes, porque sabe que es observada por otras personas y que sus actitudes hablan por sí solas.
De esta manera, quien representa a Cristo cuida su propio comportamiento, porque su deseo es salvar y jamás ser motivo de escándalo o deshonra para el Señor. Vos representás a un grupo de personas acá en la Tierra: la iglesia y los cristianos. Así que tenés que tener cuidado, porque podrías estar manchando la imagen y avergonzando a todo un grupo de personas. Debemos valorar mucho la confianza que Dios nos dio, porque estamos sirviéndole y tenemos que hacerlo con temor.
La mujer que representa a Jesús presta atención a su postura en las redes sociales, a los lugares que frecuenta, a las personas con las que se relaciona, a lo que dice y a todo lo que hace. Antes de cualquier acción, una mujer cristiana piensa si eso representa a Cristo y, si la respuesta es no, decide no hacerlo, porque sabe que cualquier sacrificio vale la pena para llevar adelante el amor que recibió del Señor.
Godllywood
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