Una noche de mucho Aprendizaje en el Templo de los Milagros, en un Estudio Bíblico racional.
Y a ti, hijo de hombre, te he puesto por centinela de la casa de Israel; oirás, pues, la palabra de mi boca, y les advertirás de mi parte. Ezequiel 33:7
Jesús nos advierte de la guerra espiritual para que nosotros, que conocemos la verdad, seamos centinelas, atalayas.
Dios nos manda como centinelas para advertir y ayudar a aquellos que aún están perdidos.
Quien está salvo es considerado por Dios como centinela y tiene el deber de hablar de Él.
Por tanto, velad, porque no sabéis en qué día vuestro Señor viene. Mateo 24:42
Debemos estar en espíritu, velando por nuestra alma en todo momento, porque no sabemos cuándo Jesús volverá.
Si algo compromete nuestra Salvación, debemos huir de ello (aplica para todo: relacionamientos, amistades, hábitos).
Buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cerca. Abandone el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor, que tendrá de él compasión, al Dios nuestro, que será amplio en perdonar. Isaías 55:6-7
Dios aún está cerca, y por eso debemos anunciarlo, para que pueda ser hallado.
Un verdadero atalaya busca la Salvación personal, anuncia el mensaje de la Salvación, vigila y se mantiene fiel.
El atalaya examina su conducta. Solo así puede arrepentirse y confiar en la Misericordia de Dios.
Debemos anunciar con amor y no con miedo. No debe importarnos la opinión ajena ni lo que podamos perder, porque si no anunciamos el mensaje, los más perjudicados seremos nosotros mismos.
El silencio no es prudencia ni neutralidad: es omisión.