Una noche de renovación y aprendizaje en el Templo de los Milagros, donde continuamos con el estudio del Poder del Arrepentimiento.
El Señor Jesús no trabaja con la duda y la negatividad, ya que Él no es egoísta.
Si permitimos que la duda nos domine, somos reprobados.
La generosidad no se impone, sino que nace.
El Espíritu Santo nos revela nuestros pecados, pero no para condenarnos, sino para liberarnos.
«… como está escrito: No hay justo, ni aun uno». Romanos 3:10
Satanás siempre va a acusarnos con nuestros pecados para condenarnos.
«… por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios». Romanos 3:23
A través de Jesús somos libres del pecado.
Si no reconocemos el pecado, no podremos recibir el Espíritu Santo.
Cuando se oculta algo, es para los demás, ya que ni para Dios ni para el mal se puede.
La desobediencia es un detalle mínimo que genera un gran pecado.
En el mundo espiritual, o es un extremo o es el otro.
«Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron». Romanos 5:12
Muchas veces uno se «arrepiente», pero no es sincero.
Dios considera nuestro libre albedrío y no nos obliga a nada.
La persona arrepentida reconoce, confiesa, abandona y sepulta la vieja criatura.
Cuando hay entrega sincera y completa, es allí cuando llega el bautismo con el Espíritu Santo.