Una tarde de miércoles, aprendiendo la Fe que Agrada a Dios.
Aceptad al que es débil en la fe, pero no para juzgar sus opiniones. Romanos 14:1
Dios nos llamó a ser sal, luz y justicia, pero también nos advirtió sobre los peligros del orgullo, la soberbia y la envidia.
Debemos tener cuidado con los enemigos de la fe, como lo son el pecado, la desobediencia y la duda.
Jesús dejó claro que lo importante no es el tamaño de la fe, sino su pureza. Una fe sin contaminación puede mover montañas, por eso no hay que dejar que la duda contamine nuestra fe, llenándonos de miedos e inseguridades.