¡Mañana bendecida en el Templo De Los Milagros!
Con Dios, nosotros debemos iniciar, perseverar y concluir.
Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto. Romanos 12:1-2
Dios espera que los que Le buscan sean el propio Sacrificio Bueno, Agradable y Perfecto, por su culto racional y no por su religiosidad.
Jesús dijo que debemos ser la sal del mundo, es decir, dar sabor en la vida de los demás.
Si en los demás no hay amor, en nosotros debe haber. Si en los demás no hay esperanza, nosotros no debemos perderla.
El sueño de Dios es llamarnos de hijos, pero para eso debemos entregarnos a Él.
El Espíritu Santo apunta el error porque es misericordioso. Dios nos reprende porque cree que podemos cambiar y dar lo mejor de nosotros.
Dios no nos negará Su misericordia, siempre y cuando seamos gratos y Lo valoremos.
Si somos gratos siempre vamos a pensar en las consecuencias de hacer nuestra voluntad antes de actuar.
Valoramos la misericordia de Dios cuando nos miramos a nosotros mismos y vemos qué debemos hacer y parar de hacer.
Nuestra naturaleza es mala pero quien acepta y valora el sacrifico del Señor Jesús pasa a tener y ser Espíritu Vivificante.
Al tener Su Espíritu, pasamos a ser humildes, equilibrados, fuertes y, por sobre todo, obedientes.
Cuando sacrificamos nuestra carne, nuestra alma es quien sale beneficiada.
Santo es aquel que se aparta del mal, y no puede tocarnos, pero crea situaciones para tornarnos impuros.
Dios no busca que seamos perfectos, Él busca que seamos Santos, es decir, que nos mantengamos apartados del mal.
Nuestras decisiones no deben ser tomadas por lo que sentimos, si no, por nuestro culto racional y por lo que creemos, es decir, por la Palabra.
La transformación de nuestra vida empieza cuando decidimos renovar nuestra mente. Esta renovación significa tomar actitudes distintas.
El culto racional del ser humano no debe estar en el corazón, sino en el entendimiento.
Cuando Dios creó al mundo, su reacción fue decir «¡es muy bueno!». De igual manera, Él quiere decir lo mismo con respecto a nosotros cuando nos ve.