Tus familiares no necesitan más cosas. Muchas veces creemos que dar más significa hacer más, pero en realidad la necesidad es otra.
Ellos no necesitan más planes, ni más exigencias. Tampoco necesitan más trabajo, más títulos universitarios o académicos, ni siquiera más dinero.
Lo que verdaderamente necesitan es ver a Dios reflejado en vos.
Necesitan ver en tu vida una fe real, en tu manera de actuar, de hablar y de reaccionar. Una fe que no sea solo palabras, sino algo que se note en lo cotidiano.
Porque cuando una persona vive de verdad con Dios, eso se percibe. Se transmite en la paz, en la paciencia y en la forma de tratar a los demás.
Por eso, más que solo estar presente, lo que transforma a una familia es una presencia que transmite vida: una vida con Dios que se refleja en cada actitud:
• Más vida con Dios y menos religiosidad o incredulidad.
• Más obediencia a Dios, en lugar de vivir intentando agradar a todos.
• Más dependencia de Dios, y no solo palabras que dicen creer en Él.
Porque para vivir de esta manera no hace falta tener todo resuelto ni conocer cada detalle del futuro. Lo más importante no es saber qué vendrá, sino con quién caminamos cada día.
Es el Padre Celestial quien nos enseña y nos forma, guiándonos para ser mejores cónyuges, mejores padres, mejores hijos y mejores hermanos.
Cuando Dios ocupa el centro de la vida y dirige nuestros pasos, ocurre lo siguiente:el pasado deja de acusar, el presente ya no domina con ansiedad y el futuro pierde su temor.
Como está escrito:
Mejor es un bocado seco y con él tranquilidad, que una casa llena de banquetes con discordia. Proverbios 17:1
¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas
