Muchas veces el primer testimonio del amor de Dios que una persona recibe no son palabras, ¡sino la manera en que es tratada dentro de su propio hogar❗️
Es en el hogar donde se aprende o se distorsiona lo que significa amar, perdonar, respetar y cuidar.
Allí, en lo cotidiano, en los gestos simples, en el trato diario, se revela si Dios está presente o no.
Porque el amor no es solo un discurso ni un sentimiento, sino una manifestación de fe, cuidado y valores tanto morales como espirituales.
Como está Escrito en Salmos 103:8:
Compasivo y clemente es el Señor, lento para la ira y grande en misericordia.
Ungí tu cabeza con el Aceite de Luz y decí esta frase: “Mi Pentecostés”. Luego, orá conmigo:
Señor Jesús, quiero reflejar Tu amor en mi vida, en mi matrimonio y en mi casa.
Tú Dijiste en Juan 13:35:
En esto conocerán todos que son Mis Discípulos, si se aman unos a otros.
No Dijiste que sería por lo que hablamos, sino por cómo amamos.
Y ese amor comienza entre los más cercanos: en la familia, en el hogar, entre aquellos que conviven con nosotros cada día.
Padre, enséñame a ser ese testimonio vivo, a no solo hablar de Tu Amor, Poder y Misericordia, sino a demostrarlo con paciencia, respeto, fe y compasión.
Como también está Escrito en 1 Corintios 13:4-5:
El amor es paciente, es bondadoso (…) no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido…
Espíritu Santo, Transforma mi manera de tratar a los que están a mi lado.
Que mi hogar no sea un lugar de heridas, sino un lugar donde Tu presencia sane, restaure y abrace.
Porque tal vez, Señor, la única imagen que alguien tenga de Ti sea la forma en que yo lo trato.
Haz de mi vida un reflejo fiel de Tu Amor y de Tu Compasión, y que dentro de mi casa Tú seas visto, sentido y conocido.
En el nombre del Señor Jesús. Amén.
Obispo Julio Freitas
“¡De Ahora en Adelante Todo Será Diferente❗️”
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