No hay nada más precioso que conocer al Dios vivo, y eso es lo que Él quiere para vos. Cuando la persona pasa a conocer al Altísimo personalmente, ya no depende de terceros para tomar decisiones, porque Dios le muestra el camino correcto.
Jesús dijo:
“… y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, Juan 8:32.
Cuando conocés la verdad, que es el propio Dios, te volvés libre. Libre de este mundo cruel, malo, perverso y nocivo. Todo el reino de este mundo queda atrás, y Dios pasa a conducirte a Su Reino.
En Mateo 6:33 está escrito: “Pero buscad primero Su Reino…”. Cuando Lo encontrás primero, entrás en Su Reino. Esto no significa que el mundo te recibirá con los brazos abiertos; al contrario, es en este momento que experimentás persecuciones, maldades e injusticias en carne propia.
Sin embargo, el Espíritu Santo libera de todo lo que te aprisiona: malos pensamientos, tristeza y depresión, muchas veces causadas por experiencias crueles, especialmente en la infancia. Cuando alguien conoce a Dios, su pasado es borrado y pasa a vivir una nueva vida. Dios transforma el mal en bien.
Cuando Jesús habló del Reino de Dios, los discípulos intentaban impedir que niños se acercaran, pero Él dijo:
“… Dejad a los niños, y no les impidáis que vengan a Mí, porque de los que son como estos es el Reino de los Cielos”, Mateo 19:14.
El Reino pertenece a los que se vuelven como niños.
Aunque la maldad humana destruya la inocencia, Dios permanece poderoso para restaurar. Por eso, buscalo con sinceridad, como un niño, como Él dice:
“… Si alguno tiene sed, que venga a Mí y beba. El que cree en mí […] De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva”, Juan 7:37-38.
