Aprendé más en las charlas de Prosperidad con Dios
El primer milagro de Jesús registrado en las Escrituras sucedió durante una fiesta de casamiento y sigue trayendo enseñanzas actuales para los que enfrentan momentos de escasez, frustración e inseguridad.
El episodio registrado en Juan 2 va más allá de la transformación del agua en vino. Este pasaje muestra cómo Dios actúa delante de situaciones que parecen imposibles de resolver y cómo la fe, aliada a la obediencia, puede abrir caminos para cambios inesperados.
Incluso después de escuchar de Jesús que Su hora aún no había llegado, María aconsejó a los sirvientes:
“… Haced todo lo que Él os diga”. Juan 2:5
Muchas personas dejan de experimentar la actuación de Dios porque gastan más tiempo cuestionando que obedeciendo.
La obediencia no siempre tiene sentido a los ojos humanos, pero frecuentemente es el camino por el cual Dios conduce a las personas hasta aquello que ellas aún no logran ver.
Después de las indicaciones de Jesús, los sirvientes llenaron completamente de agua las vasijas usadas para la purificación de los judíos. Luego recibieron la orden de llevarlas hasta el maestresala de la fiesta.
Lo que parecía solo agua se había transformado en vino de excelente calidad. Este hecho llamó la atención del maestresala, que observó que, normalmente, el mejor vino se servía primero. En aquella ocasión, sin embargo, el mejor vino se había reservado para el final.
Al reflexionar sobre este episodio, podemos destacar que Dios primero trabaja en el interior de la persona antes de promover cambios a su alrededor; llenando al ser humano de valentía, convicción y confianza. Cuando alguien se vacía del orgullo, de las propias convicciones y de la necesidad de controlar todo, crea espacio para que Dios actúe. El Señor quiere llenar la mente de sabiduría, fortalecer el corazón y renovar la fe, porque quien está lleno de Su presencia no encuentra espacio para el miedo, la ansiedad o el desánimo.
Otra reflexión es que el Señor Jesús no solo resolvió el problema momentáneo, sino que impidió que aquella pareja sea marcada por la humillación al inicio de la vida conyugal.
Por lo tanto, el mismo Dios que transformó el agua en vino sigue siendo capaz de restaurar lo que perdiste. Él puede devolver oportunidades, reconstruir relaciones y levantar sueños y proyectos que parecían finalizados. La Biblia presenta repetidamente a un Dios que lleva alegría donde había tristeza, esperanza donde había desánimo y honra donde había vergüenza. Por eso, nadie debe definir el propio futuro solo por las dificultades que enfrenta en el presente.
