Cada domingo, una nueva enseñanza es compartida para fortalecer la fe de los presentes. Desde la Sede Nacional de la Universal y frente a miles de personas, el obispo Julio Freitas transmitió el siguiente mensaje.
Luego de haber resucitado de entre los muertos, antes de ascender a los Cielos, el Señor Jesús les dejó instrucciones a Sus discípulos para que pudieran recibir el Espíritu Santo. Ellos, sabiamente, las cumplieron y nosotros hoy podemos seguir su ejemplo.
“Entonces regresaron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo. Cuando hubieron entrado en la ciudad, subieron al aposento alto donde estaban hospedados, Pedro, Juan, Jacobo y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Jacobo. Todos estos estaban unánimes, entregados de continuo a la oración junto con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con los hermanos de Él”. (Hechos 1:12-14)
Observamos en estos versículos que los seguidores del Mesías obedecieron al pie de la letra los dichos de su Maestro. Él les había indicado que no salieran de Jerusalén y ellos lo cumplieron. El monte de los Olivos estaba cerca, ellos fueron allí a orar y rápidamente regresaron. Cuando lo hicieron, estaban juntos, en la misma fe y tenían un objetivo en común.
Sabemos que la fe es individual, pero, cuando es ejercida de forma colectiva, es semejante a un cuerpo enteramente ejercitado. Veamos, por ejemplo, qué sucede cuando alguien decide hacer ejercicios físicos solo en uno de sus miembros superiores. Es natural que el brazo elegido se vuelva más fuerte, resistente y con mayor masa muscular y que el brazo no ejercitado quede débil. ¿Es posible lograr un fortalecimiento en todo el cuerpo entrenando solo una parte de este? Claro que no.
De la misma forma es la Iglesia del Señor. Dios considera que la Iglesia es el Cuerpo y que Jesús es la Cabeza. Cuando nos unimos para meditar, orar, ofrendar, cantar, toda la Iglesia es beneficiada.
Aun así, nadie será obligado a “ejercitarse” en la fe. Así como solo nuestro cerebro, nuestra mente no puede forzarnos a movernos sin la participación del cuerpo, Dios tampoco impone el ejercicio de la fe, pero nos señala el camino que debemos tomar.
De esta forma, el primer criterio para bautizar a los discípulos con el Espíritu Santo fue que se mantuvieran unidos. El segundo fue que estuvieran unánimes, es decir, que compartieran el mismo parecer, voluntad y sentimiento.
Los seguidores de Jesús subieron al aposento donde estaban hospedados y todos tenían en común que no estaban entregados a sus temores. Es claro que su situación no era fácil, había una amenaza constante de que sufrieran el mismo fin que había tenido su Maestro. No obstante, ellos continuaban firmes en sus convicciones, entregados a la promesa del Señor Jesús referida al Espíritu Santo.
Una enseñanza más que aprendemos en este fragmento bíblico es que los discípulos estaban volcados de continuo a la oración junto con las mujeres. Con esto entendemos que, aunque alguien decida dejar de lado las informaciones seculares durante el Ayuno de Daniel, eso no es suficiente. Tampoco basta con concurrir a la iglesia y leer la Biblia.
Es necesario hablar con Dios en donde sea que uno se encuentre y meditar en Sus Palabras para captar el mensaje Divino.
“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar”. (Hechos 2:1)
Existen aquellos a los que nos les gusta estar junto a otras personas y prefieren la individualidad. Sin embargo, para las cosas de la fe es bueno estar unidos. En el Reino de Dios no hay separación por clases sociales, nacionalidad ni forma de ser. Todos debemos estar juntos, con el pensamiento dirigido al Altísimo.
“De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa donde estaban sentados”. (Hechos 2:2)
Ese viento era el Espíritu Santo.
Entonces, podemos notar que los criterios necesarios para el recibimiento del Espíritu Santo fueron: estar juntos, unánimes y en oración constante. De esta forma, los discípulos recibieron la Mayor Promesa de Dios, vivieron su Pentecostés.
En la actualidad, el Señor espera lo mismo de cada uno de los que quieren ver esta Promesa cumplida en su vida. Hoy puede ser tu Pentecostés. El Espíritu Santo quiere estar con vos en donde sea que te encuentres. Para eso, es necesario una reacción de tu parte.
Por lo tanto, priorizá tener el Espíritu Santo. Sin Él, no tenemos nada y con Él, aunque materialmente no poseamos nada, lo tenemos todo.
Participá este domingo a las 9:30 h, en Av. Corrientes 4070 – Almagro o en la Universal más próxima a vos. Otros horarios: 7 y 18 h.
