¿Por qué sigo igual si siento esto y lo otro?
Porque el Espíritu Santo no es una emoción que causa bienestar, sino que Él es el Propio Dios Padre y Jesucristo viviendo dentro de Sus Hijos y Siervos.
Si Él habita en vos, tu forma de pensar, de verte a vos mismo, a los demás, de hablar, de actuar, de priorizar y de reaccionar no pueden seguir de la misma manera que era antes de que fueras Sellado por Él. ¡Imposible!
“Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado…”. Juan 16:8
En esta Afirmación del Mesías, se puede verificar que, cuando el Espíritu Santo viene sobre alguien, Él lo convence de sus pecados más camuflados, ocultos y desconocidos ante todos, pero no ante Él; y convence al pecador sincero de que practique la justicia para su propia alma, confesando y abandonando todo lo que desagrada a Dios. De esta manera, será libre de la condenación en el Juicio Final, lugar que determina el destino del alma.
Si esto te confronta, decidí ahora cambiar este espíritu, esta mentalidad vieja, por el Espíritu Santo, y verás la diferencia entre el antes y el después, en tu bienestar mental, emocional y espiritual.
Lo primero que Él le Ordenó al hombre fue que dominara:
“Y los Bendijo Dios y les Dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”. Génesis 1:28
El hombre no fue creado para ser dominado por absolutamente nada ni nadie, sino para servir al Padre Celestial, dominando su propio “yo” y todo lo que Dios creó y puso a su disposición para que Lo sirviera a Él.
Observá cómo es liberador, transformador y Salvador el Proceso Divino:
“Entonces Él me Dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así Dice el Señor DIOS: Ven de los cuatro vientos, oh espíritu, y sopla sobre estos muertos, y vivirán”. Ezequiel 37:9
Aquí, el espíritu en minúscula se refiere a la razón, al intelecto, a la mente humana, no al Espíritu Santo.
No se Le profetiza al Espíritu Santo; es Él el que nos Profetiza a nosotros.
Él Invita a todos, de los cuatro vientos, rincones de la tierra, sin acepción de persona, nacionalidad, cultura, pasado o presente…
Él Quiere hacer una Obra completa de rescate, transformación y Salvación en cada uno de nosotros.
“Y profeticé como Él me había Ordenado, y el espíritu entró en ellos —fe, razón, esperanza—, y vivieron y se pusieron en pie, un enorme e inmenso ejército. Entonces Él me Dijo: Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel —creyentes muertos—; he aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se han secado, y nuestra esperanza ha perecido. Estamos completamente destruidos”. Ezequiel 37:10-11
Fijate que, aunque la persona no haya recibido la liberación, la cura, la prosperidad, la reconciliación o la unión matrimonial, familiar u otras tantas Bendiciones, mientras no sea Sellada con el Espíritu Santo, siempre estará en desventaja; y por eso sus palabras son como las mencionadas anteriormente:
“Nuestros huesos se han secado”.
“Nuestra esperanza ha perecido”.
“Estamos completamente destruidos”.
Es una triste realidad, pero un hecho desde siempre: el ser humano, quienquiera que sea, sin el Sello de Dios, es un «zombi», un muerto en vida.
“Por tanto, profetiza, y diles: Así Dice el Señor DIOS: He aquí, abriré vuestros sepulcros y os haré subir de vuestros sepulcros, pueblo Mío, y os llevaré a la tierra de Israel —Promesa—”. Ezequiel 37:12
Aunque el hombre esté en la Iglesia, que sea considerado pueblo de Dios, porque lee la Palabra, medita en ella, ora, busca, canta, alaba, llora, ofrenda, evangeliza y lucha, si no tiene el Sello de Dios, en el mundo espiritual sigue dentro de sus respectivos sepulcros, con sus manías, inconstancias, miedos, costumbres, vicios, traumas, tradiciones, soberbia, resentimientos, aferrado más a personas, cosas, lugares, egoísmo, inmoralidad, insumisión y materialismo.
“Y sabréis que Yo Soy el SEÑOR, cuando abra vuestros sepulcros y os haga subir de vuestros sepulcros, pueblo Mío”. Ezequiel 37:13
Acá está el punto clave: Dios no Dijo: “y sentiréis”, sino “sabréis”.
Saber representa la razón, el intelecto, la mente, el entendimiento.
Por eso les dije a casi 12 mil hombres que estuvieron presentes en la Reunión de Hombres: “Las risas distraen, pero el dolor enseña”.
El hombre no fue creado solo para estar cómodo y disfrutar, sino con el propósito de dominar, y no ser dominado.
El Espíritu Santo nos Enseña:
“Mejor es la tristeza que la risa, porque cuando el rostro está triste el corazón puede estar contento”. Eclesiastés 7:3
Porque no es en la facilidad donde se encuentra a sí mismo, sino en el peso de la exigencia personal, en las luchas de lo cotidiano contra el propio ego y los desafíos.
Cuando era adolescente, cuando entregué mi vida, mente, corazón y cuerpo al Espíritu Santo, aprendí que, cuando me veo obligado a decidir entre la luz y la oscuridad, el bien y el mal, encajar y ser criticado, la justicia y la injusticia, la fantasía y la realidad, obedecer a Dios y mi ego, lo terrenal y lo Eterno, en ese momento se revela la verdad de cada uno, quienes realmente somos.
El Espíritu Santo nos Enseña:
“Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?”. Jeremías 17:9
La mayor tragedia que vi y conocí no fue sufrir decepciones, pérdidas, persecuciones o tribulaciones, sino sufrir sin entender el porqué.
Porque aquel que entiende su dolor no es destruido por él, sino que lo transforma en aprendizaje, superación, madurez y testimonio para la Gloria del Padre Celestial; y eso ayuda a los demás también a superarse.
El Espíritu Santo nos Enseña:
“Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza”. Romanos 5:3-4
No se exige fuerza interior, determinación, fe, disciplina y esperanza en la facilidad.
La verdadera fuerza nace cuando el hombre está al borde del abismo, de la tentación, de las amenazas, frente a los “leones”, pero aun así decide mantenerse de pie, firme y leal a su Salvador. Y también decide no odiar, no maldecir, no murmurar, sino confiar. Decide no corromperse, no desertar, no acomodarse. Decide ser leal cuando sería más fácil entregarse a la deslealtad. Ese es el milagro de madurez de un Hombre de Verdad.
Por esta razón es que Dios nos Hizo a Su Imagen y Semejanza: el verdadero significado de convertirse en hombre es dominar su ego.
Nos vemos pronto, ¡en la IURD o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas