Frente a un terremoto tan devastador, que ha dejado miles de fallecidos, decenas de miles de desaparecidos y un profundo dolor en tantas familias, lo más importante es permanecer unidos en oración, con esperanza en Dios, empatía hacia quienes sufren y una actitud permanente de solidaridad.
Viviane y yo hemos estado orando cada día, junto con las Esposas de los Pastores, los Pastores y los miembros de la Iglesia Universal de toda Sudamérica, intercediendo por el pueblo venezolano. Creemos que, aun en los momentos más difíciles, Dios escucha el clamor de Su pueblo.
Sigamos orando por las familias que hoy atraviesan el dolor, para que el Señor les conceda consuelo, fortaleza y paz en medio de la aflicción.
Sigamos escuchando el desahogo de quienes sufren, porque muchas veces la ayuda más valiosa es brindar un oído atento y un corazón dispuesto a acompañar.
Sigamos ofreciendo contención espiritual y emocional, junto con el apoyo material que esté a nuestro alcance, manifestando en acciones concretas el amor y la esperanza que solamente se encuentran en Jesucristo.
Y sigamos creyendo que, aun en medio de una tragedia como esta, Dios puede salvar almas, transformar corazones y glorificar Su Nombre, avergonzando toda obra del mal.
Recordemos que:
“El Señor ruge desde Sion… pero el Señor es Refugio para Su pueblo y Fortaleza para los hijos de Israel.” Joel 3:16.
Y también tengamos presente la Promesa del Salmo 46:
“Dios es nuestro Refugio y Fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sufra cambios y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares; aunque bramen y se agiten sus aguas, aunque tiemblen los montes con creciente enojo.” Salmos 46:1-3.
Que este tiempo de dolor también sea un tiempo en el que renazca la esperanza, donde la Fe se fortalezca y la Luz de Jesucristo brille con mayor intensidad en medio de la oscuridad.
¡Fuerza! Seguimos unidos en oración.
Nos veremos pronto, en la Iglesia Universal o en las nubes.
Obispo Júlio Freitas
