Una madrugada para despertar espiritualmente, arrepentirse con sinceridad y reencontrarse con Dios para ser restaurado
“Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: ‘Padre, he pecado contra el Cielo y ante ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; hazme como uno de tus trabajadores’”. Lucas 15:18-19
Estas fueron las palabras del hijo pródigo al decidir volver a casa.
Una casa donde un padre lo esperaba con los brazos abiertos, dispuesto a recibirlo nuevamente en el lugar seguro del cual nunca debería haberse ido.
Ese padre lo esperó con paciencia, aun sabiendo que su hijo había elegido un camino equivocado. No lo obligó a quedarse ni a hacer nada en contra de su voluntad. Solo lo formó, lo cuidó y le dio abrigo, protección, disciplina y dirección… como hace un buen padre que ama de verdad.
Pero, muchas veces, no valoramos lo que Dios nos da. Nos olvidamos de Su cuidado, de Su dirección y de la disciplina que nos forma. Le damos más importancia a lo pasajero que a la obediencia que exige Su Palabra, una obediencia que no oprime, sino que ordena la vida y llena el interior.
Sin embargo, la misericordia de Dios se renueva cada mañana. Y quizás te preguntes: ¿cómo alcanzarla?
Haciendo lo mismo que hizo el hijo pródigo, levantate. Acercate a Dios. Vení a Su casa, a Su Presencia.
Confesá lo que necesites confesar. Entregale tu vida para que Él realice Su voluntad en vos. Cuando uno vuelve de verdad, Dios transforma la historia, sana lo que está herido y rescata lo que parecía perdido.
No importa hace cuánto tiempo te alejaste, o si incluso seguís en Su casa pero sin comunión con Él. Esta es tu oportunidad. No la dejes pasar.
Este viernes 27, a las 23 h, en el Templo de los Milagros, ubicado en Av. Corrientes 4070, Almagro, vamos a vivir una madrugada especial: un momento para reencontrarnos con Dios, renovar nuestra fe y dar ese paso que puede cambiarlo todo.
