¡Un momento especial para todos los siervos de Dios, en la consagración de Obreros y Colaboradores, en el Templo de los Milagros!
El ser humano tiene la tendencia de tener una rutina llena de responsabilidades y vivir acelerado por ellas. Si queremos servir a Dios, no podemos dejarnos influenciar de esta manera.
Y les dijo: Seguidme, y yo os haré pescadores de hombres. Mateo 4:19
No hay honor y honra más grande que ser visto por Dios, ser contado por Él y servirLo.
En vez de dejarnos llevar por lo que ocurre en el mundo y los pensamientos que el mal quiere colocarnos, debemos seguirLo a Él.
El ruido que el mundo coloca en nuestros oídos tiene el propósito de tapar la Voz de Dios.
Cuando paramos de oír Su Voz, dejamos de tener Su Palabra en nosotros. Ahí empezamos a despriorizarlo.
Cuando tomamos la decisión de seguirLo, también debemos tomar la decisión de ser humildes para aprender lo que Él nos quiere enseñar.
Debemos ser fuertes para frenar el ruido que el mal coloca en nuestros oídos. Sólo así comenzaremos a oír Su Voz y seremos verdaderos siervos, capaces de ganar almas.
Debemos renunciar a nuestro propio yo para seguirLo. Esto es condicional y requiere de esfuerzo, pero no es imposible.
Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera. Mateo 11:28-30
El cansancio al hacer Su Obra puede impactarnos, pero el mayor error está en dejar que nos domine.
Ir hacia Él, tener comunión con Él es el secreto. En Jesús podemos dejar lo que nos pesa, descansar, ser renovados y seguir con nuestra caminata.
Si bien Su Obra demanda que nosotros hagamos, no podemos colocar nada de esto por encima del cuidado que requiere nuestra alma.
Si hacemos todo con fe y devoción, no será un peso ni una obligación hacer Su Obra, sino un honor.
La Obra de Dios es exigente, pero no exige perfección. Exige verdad, humildad, transparencia.
Servir a Dios requiere disciplina, pero si nos sometemos a Él para hacer lo que encomienda en nuestra manos, también nos honrará.