La Biblia nos muestra que Sifra y Puá arriesgaron la propia vida para salvar a una generación. ¿Qué las volvió tan valientes?
Imaginate vivir bajo un régimen de terror, donde una orden directa del gobernante más poderoso del mundo te pone ante un dilema imposible: obedecer la ley y cometer una atrocidad, o desobedecer y enfrentar una muerte segura. ¿Cómo reaccionarías ante una presión que aplasta cualquier intento de resistencia? La mayoría de nosotros, movidos por el instinto de supervivencia, probablemente elegiríamos la omisión, pero la historia bíblica nos presenta mujeres que desafiaron esta lógica.
En el libro bíblico de Éxodo, antes de que Moisés surja como el libertador, el escenario fue preparado por figuras inesperadas: las parteras Sifra y Puá. El faraón, temiendo el crecimiento de la población hebrea, les ordenó matar a todos los varones recién nacidos. El objetivo era un genocidio silencioso, pero no había contado con el carácter de aquellas mujeres.
La Biblia destaca que ellas temían a Dios y, por lo tanto, no hicieron lo que el rey de Egipto les había ordenado; al contrario, perdonaron la vida de los niños. Lo que distinguía a estas mujeres no era la ausencia de temor, sino la jerarquía de sus temores. Tenían un temor a Dios tan profundo que se volvió mayor que el miedo por el faraón, o por las propias vidas.
El temor de Sifra y Puá las transformó en leonas, un perfil de mujer guerrera que se sobrepone a las circunstancias para hacer lo correcto, independientemente de las consecuencias. Fueron precursoras del Éxodo. Sin su valentía no habría existido Moisés. Por otro lado, existe el peligro de ser la mujer sumisa, aquella que vive en la sombra, preocupada únicamente por su protección y huyendo de cualquier responsabilidad espiritual.
Mientras la mujer valiente actúa como una auxiliadora, que en hebreo original significa fuerza compensatoria capaz de enfrentarse a la injusticia y salvar su familia, la mujer débil se vuelve pasiva, permitiendo que el mal avance a su alrededor. Sifra y Puá no eran madres de aquellos bebés, sino que fueron fieles en lo que pertenecía a otros, y por eso Dios les proporcionó familias.
Dios espera que seas esa mujer valiente que hace el bien, no el mal. El mundo y la iglesia necesitan mujeres que no se escondan tras sus inseguridades, sino que afronten los desafíos con la convicción de que Dios las sostiene. Los nombres de esas parteras fueron inmortalizados en el Éxodo, mientras que el del faraón fue omitido, porque el honor divino es la recompensa para quienes eligen no acobardarse.
