Entonces añadió: Toma las flechas; y él las tomó. Y dijo al rey de Israel: Golpea la tierra; y él la golpeó tres veces y se detuvo. 2 Reyes 13:18
En toda relación debe haber una decisión personal de exterminar todo aquello que quiera separarlos.
Los problemas no se resuelven huyendo, sino uniendo fuerzas y enfrentando todo juntos, como aliados.
La Santa Cena forma parte del Plan de Reconciliación de Dios con nosotros.
Aunque lleguemos a fallar, debemos recordar Su Entrega. A través de Su Sacrificio Perfecto, podemos volver a ser uno con Él.
Mi error no puede separarme ni “divorciarme” de Él. Debo reconocerlo, asumir las consecuencias y seguir adelante con Él.
Más importante que la ropa, los accesorios o la apariencia es la Entrega que el matrimonio implica, porque es hasta la muerte.
Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación. 2 Corintios 5:18
Así como Jesús se entregó por nosotros, también debemos entregarnos y sacrificar lo que somos para ser parte de Él.
Decidir matar todo lo que intente apartarme o enfriar mi amor por el otro o por Dios es una decisión diaria.
Ningún matrimonio funciona si uno no es capaz de sacrificar su propia opinión, su ego o sus costumbres por el otro.
El Espíritu Santo intercede cuando ve que, como pareja, existe la intención de someterse el uno al otro para seguir siendo uno