«Y una mujer que había tenido un flujo de sangre por doce años y que había gastado en médicos todo cuanto tenía y no podía ser curada por nadie,
se acercó a Jesús por detrás y tocó el borde de Su manto, y al instante cesó el flujo de su sangre […]
Pero Jesús dijo: Alguien Me tocó, porque Me di cuenta que de Mí había salido poder.
Al ver la mujer que ella no había pasado inadvertida, se acercó temblando, y cayendo delante de Él, declaró en presencia de todo el pueblo la razón por la cual Le había tocado, y cómo al instante había sido sanada.
Y Él le dijo: Hija, tu fe te ha sanado; vete en paz». Lucas 8:43-44, 46-48
«Porque la Palabra de la Cruz es necedad para los que se pierden, pero para nosotros los salvos es Poder de Dios». 1 Corintios 1:18