Muchos hombres están más preocupados en ser deseados que en volverse dignos, pero no están listos para asumir el papel que un hombre de verdad exige.
Se ha vuelto más común el hombre con el perfil de “princeso”. Aquel que, en la relación, actúa como si fuera quien debe ser conquistado y emocionalmente sustentado. En lugar de asumir su papel de liderazgo, protección y responsabilidad, él compite con la mujer en carencia, fragilidad y vanidad.
Espera que ella tome la iniciativa, que envíe mensaje, que vaya detrás, que insista, que pague la cuenta. En la práctica, ocupa un lugar que no es suyo, y compromete cualquier chance de una relación saludable, mucho más el de construir una familia.
El error del “princeso” no está solo en las actitudes, sino en la mentalidad. Él quiere los beneficios de una relación sin asumir responsabilidades. Quiere compañía, pero no compromiso. Quiere atención, pero no entrega; admiración, pero no se vuelve alguien admirable.
Si en hombres casados ese comportamiento destruye la relación, en los solteros ha sido total falta de preparación para asumir una relación de verdad.
Y eso es grave. Porque es en la fase de soltero que el hombre debería prepararse para ser marido, liderar un hogar y sustentar una familia.
¿Pero cómo alguien que actúa como un niño va a sustentar una familia?
Una de las señales más claras de este perfil es la competencia emocional: si ella demuestra interés, él rechaza. Si ella no va detrás, él se frustra. Si ella espera actitud, él se ofende. Él no lidera, reacciona, y casi siempre de forma inmadura.
Las relaciones no son un juego para ver quién demuestra menos o quién necesita menos. Esto es un comportamiento de quien no está listo. El hombre de verdad no compite con la mujer, sino que la conduce.
Ser hombre no es ser autoritario, sino responsable. Es tomar iniciativa, dar dirección y transmitir seguridad.
Cuando el hombre ocupa su papel, la mujer puede ocupar el de ella con tranquilidad. Pero cuando él abdica de eso, ella termina asumiendo lo que no debería, y se sobrecarga.
Después, él reclama que las mujeres son difíciles. En realidad, ellas están cansadas de hombres que no están preparados.
Si sos soltero, necesitás preguntarte con sinceridad: ¿has actuado como hombre o como “princeso”? ¿Liderás o esperás ser conducido? ¿Asumís o esquivás?
Ser hombre no es cuestión de edad, sino de decisión. Decisión de madurar, de asumir responsabilidad, de prepararse para algo más grande que sí mismo.
Basta de jueguitos, basta de inmadurez disfrazada de estrategia. Si querés una mujer de valor, necesitás convertirte en un hombre de valor. Y eso comienza cuando dejás de actuar como niño y asumís, en definitiva, tu papel.
