Hoy es el último día de la Jornada hacia la Lluvia Tardía, y lo concluimos con broche de oro.
Cuando Dios nos pide un sacrificio, no se trata de un monto financiero, sino de algo total: toda nuestra vida.
Dios no le debe nada a nadie; pero quien no se entrega por completo no podrá recibir el Todo de Él.
Nuestro sacrificio debe hacerse voluntariamente, por nuestra fe.
Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta. 18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Santiago 2:17-18
Dios ve la fe, y distingue entre quienes tienen una fe con obras (bíblica) y quienes tienen una fe sin obras (religiosa).
Ni la salvación ni el Espíritu Santo se reciben por mérito, sino por entrega y decisión voluntaria.
El Espíritu Santo es la luz en nuestro interior, la cual nos guía durante toda nuestra vida.
Cuando subimos al Altar ya no estamos dependiendo de nadie, sino uno y Dios. Nuestro sacrificio hablara por nosotros.
Vendrán muchas naciones y dirán: Venid y subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, para que Él nos instruya en sus caminos, y nosotros andemos en sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Señor. Miqueas 4:2
Y se realizó el gran clamor de rodillas delante del Altar del Sacrificio pidiendo que la Lluvia Tardía (El Espíritu Santo) descienda en aquellos que se enteraron por completo a Él.
Hoy también tuvimos la Vigilia de la Lluvia Tardía
«Oíd ahora esto, pueblo necio e insensible, que tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen. ¿No me teméis?» —declara el Señor. «¿No tembláis delante de mí, que puse la arena como frontera del mar, límite perpetuo que no traspasará? Aunque se agiten las olas, no prevalecerán; aunque rujan, no pasarán sobre ella. Pero este pueblo tiene un corazón terco y rebelde; se han desviado y se han ido. Y no dicen en su corazón: “Temamos ahora al Señor nuestro Dios, que da la lluvia a su tiempo, tanto la lluvia de otoño como la de primavera, y que reserva para nosotros las semanas establecidas de la cosecha”. Vuestras iniquidades han alejado estas cosas, y vuestros pecados os han privado del bien. Jeremías 5:21-25
Siempre vamos a tener y sentir emociones, pero podemos decidir si dejarnos controlar por ellas o no.
De nada sirve conocer la Palabra de Dios si no la obedecemos y reconocemos lo que debemos cambiar.
La terquedad y la rebeldía nos alejan de la Alianza con Dios, volviéndonos necios.
La naturaleza obedece a Dios, pero el ser humano, aun con inteligencia, se vuelve necio al no querer apartarse de lo que lo aleja de Él.
Dios no priva a nadie de los bienes; pero nuestra iniquidad es lo que nos aparta del Altar.
El temor a Dios es lo que permite que el Espíritu Santo interceda por nosotros, y hace que Jesús se convierta en nuestro abogado, para que así nuestro sacrificio sea aceptado por Dios.
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