Un hombre tenía dos hijos, y uno de ellos pidió la parte de la herencia que le correspondía, considerando a su padre como fallecido. Esta actitud seguramente fue profundamente dolorosa para el padre, ya que el hijo demostró egoísmo, ingratitud y maldad. Él quería seguir su propia vida y hacer su voluntad, contrariando todo lo que había aprendido de su padre.
En las familias siempre hay un elegido para ayudar a quienes están en la situación del hijo pródigo, y esa persona podés ser vos. Cabe aclarar que ese “hijo pródigo” puede ser cualquier familiar, no necesariamente un hijo.
“Y Jesús Dijo: Cierto hombre tenía dos hijos…”. Lucas 15:11
El hijo menor sufrió las consecuencias de sus malas decisiones. A través de esto podemos entender que Dios perdona, pero no absuelve. Es necesario que la persona atraviese las consecuencias para poder aprender de sus propios errores.
El hijo menor, el hijo pródigo, se arrepintió y tuvo un final feliz. Sin embargo, el hijo mayor, su hermano, se entristeció y se molestó por la actitud de su padre. Esto nos muestra que para Dios no importa el pasado de malas decisiones, sino de hoy en adelante, cuando la persona decide de hecho y de verdad arrepentirse y cambiar.
Para el hijo pródigo hubo Salvación. Él permaneció; el mismo hijo que había traído dolor y humillación a la familia, desde ese momento comenzó a traer alegría y honor. En cambio, el hijo mayor no hizo nada de lo que hizo su hermano menor, pero aun así se sentía con más derecho a recibir. Pero se quedó dolido, no solo con su hermano, sino también con su padre.
“Y su hijo mayor estaba en el campo, y cuando vino y se acercó a la casa, oyó música y danzas. Y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era todo aquello. Y él le dijo: Tu hermano ha venido, y tu padre ha matado el becerro engordado porque lo ha recibido sano y salvo. Entonces él se enojó y no quería entrar. Salió su padre y le rogaba que entrara”. Lucas 15:25-28
El hijo mayor se llenó de enojo y resentimiento; ni siquiera los consideró familia, ya que no llamó padre a su padre ni hermano a su hermano.
“Pero respondiendo él, le dijo al padre: Mira, por tantos años te he servido y nunca he desobedecido ninguna orden tuya, y sin embargo, nunca me has dado un cabrito para regocijarme con mis amigos…”. Lucas 15:29
A pesar de esto, su padre intentó hacerlo entrar en razón, recordándole que todo lo que tenía también era suyo. Pero él no quiso escucharlo, y su final fue triste: terminó viendo a su padre como injusto y a su hermano como ingrato.
Muchas veces, al igual que el hijo mayor, no entendemos los planes de Dios para nuestra vida, lo que Él está preparando para cada uno de nosotros. Esto sucede porque no recibimos lo que esperábamos en el momento en que queríamos. Por eso, debemos guardar el corazón, mantenerlo limpio y alineado con la Voluntad de Dios, y perdonar cuando sea necesario.
Este Domingo, 25 de Enero, tendremos la Oportunidad de participar de la Santa Cena de la Reconciliación, y así Restaurar nuestra Comunión con el Padre. Podrás participar en la Sede Nacional, Av. Corrientes 4070, Almagro, o en la Universal más cercana a tu domicilio, principalmente a las 9:30. Otros horarios: 7:00 y 18:00.