El sello del Espíritu Santo nos vuelve valientes e intrépidos, independientemente del temor o miedo que intente venir sobre nosotros.
Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 2 Timoteo 1:7
La ausencia de valentía nos vuelve cobardes y vulnerables ante cualquier tipo de amenaza que quiera venir en nuestra contra.
Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo. Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes. Efesios 6:11-13
Sin la Armadura de Dios, no hay forma de mantenernos firmes.
La batalla que se libra por nuestra alma exige que luchemos día a día, pero debemos ir con las armas espirituales para poder vencer.
Palabra del Señor que vino a Joel, hijo de Petuel.
Oíd esto, ancianos, y prestad oído, habitantes todos de la tierra. ¿Ha acontecido cosa semejante en vuestros días, o en los días de vuestros padres? Contadlo a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la siguiente generación. Joel 1:1-3
La desobediencia y la infidelidad hacia Dios traen consecuencias a nuestras vidas. Nos dejan desprotegidos ante las amenazas del mal.
Siempre debemos llevar toda la Armadura de Dios para evitar que el mal nos pueda vencer.
No podemos acomodarnos en la Fe ni quitarnos la Armadura. Ella no es algo opcional, sino una decisión de protección espiritual diaria.