Frases como “Les pido disculpas, pero hay cosas imperdonables…” o “Yo perdono, pero no olvido” a menudo se usan para justificar y almacenar rencor en nuestro interior. Esta acumulación puede crecer hasta convertirse en un verdadero “depósito de basura emocional”.
Aunque muchas personas viven en la sociedad moderna de una manera práctica y “descartable” en su rutina diaria, por dentro se aíslan, llenos de rencores, dolores y resentimientos, ya que se resisten a la posibilidad de “dejar ir” el pasado.
¿Dónde reside la amenaza?
El peligro está en apegarse a esos sentimientos y crear “rencores piadosos” que, con el tiempo, empiezan a dirigir la vida de la persona al influir en sus decisiones y en su forma de actuar.
Por eso, es importante entender que “dejar ir” nunca es un favor que se le hace al otro, sino un regalo que uno se otorga a sí mismo. De hecho, aunque se tenga todo el derecho de guardar ese dolor, esta actitud no beneficia en nada.
Adiós al pasado
A menudo, nos preocupamos tanto por cuidar nuestro cuerpo, que ignoramos que nuestra alma también puede herirse y enfermarse. Sin embargo, el perdón tiene poder para curar y restaurar la paz. Por eso, mirar hacia nuestro interior y “dejar ir” lo que lastima es el primer paso para cambiar nuestra vida. Es más, la Biblia apoya esta idea al asegurar que hay un tiempo para todo, incluso para desapegarnos con valentía…:
“Tiempo de buscar, y tiempo de dar por perdido; tiempo de guardar, y tiempo de desechar” (Eclesiastés 3:6).
Los efectos en el cuerpo
El psicólogo y profesor emérito de la Virginia Commonwealth University, Everett Worthington, señaló que las investigaciones han demostrado que “tener resentimiento, no perdonar, tiene graves repercusiones en la salud: eleva el riesgo de infarto y debilita el sistema inmunitario. Lo que significa que los que no perdonan están en riesgo de contraer cualquier enfermedad”.
Asimismo, afirmó que el rencor “eleva los niveles de cortisol, lo que provoca que los tejidos neuronales reduzcan su grosor un 25 %, es decir, se nos encoge el cerebro. Y también afecta a las funciones digestivas y respiratorias; influye en todos nuestros órganos y afecta a nuestra salud mental (depresión, ansiedad y rabia). Estadísticamente, las personas con resentimiento mueren antes”.
Pero ¿cómo perdonar?
Librarse del resentimiento es independiente de sentir, es necesario decidir perdonar. Aunque no tengamos control sobre nuestro corazón, sí tenemos dominio sobre nuestra boca para bendecir a quienes nos ofenden.
Por lo tanto, si hay resentimiento o deseo de venganza, se debe actuar en contra de lo que el corazón anhela. Jesús dejó su ejemplo al orar por los enemigos:
“… Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen…” (Lucas 23:34).
Solo a través de este acto de voluntad se puede encontrar la verdadera libertad y paz interior.
Un espacio para aprender y crecer
Si deseás adquirir herramientas para perdonar y encontrar la cura interior, te invitamos a participar de nuestro estudio bíblico, los miércoles, en la Iglesia Universal más cercana, en cualquiera de los siguientes horarios: 8, 10, 12, 16 y 20 h.
