Hay 2 grupos de personas en la iglesia: los oyentes y los hacedores.
Cuando reconocemos que debemos hacer nuestra parte, tomamos esa responsabilidad y cumplimos.
Cuando uno pierde la visión espiritual, se preocupa por todos, pero no de su propia alma y, consecuentemente, pasa a perder el foco.
Entonces Él les dijo: En verdad os digo: no hay nadie que haya dejado casa, o mujer, o hermanos, o padres o hijos por la causa del reino de Dios. Lucas 18:29
Cuando nos aferramos a costumbres, no permitimos que el Señor obre en nosotros.
Y vino de nuevo y los halló durmiendo, porque sus ojos estaban muy cargados de sueño; y no sabían qué responderle. Vino por tercera vez, y les dijo: ¿Todavía estáis durmiendo y descansando? Basta ya; ha llegado la hora; he aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores. Marcos 14:40-41
Cuando asumimos la posición de sacrificador en el Altar, recibimos la respuesta de Dios, pero no para engrandecernos, sino para ser un siervo enfocado en Él.
Nuestra entrega debe ser por completo, porque si no, no recibimos el todo de Dios.
Jesús, cuando ve nuestras debilidades, no nos condena, sino que nos enseña y exhorta, pero depende de nosotros ser oyentes y no hacedores.
Perder la visión espiritual es olvidar el propósito que Dios tiene para nosotros.
Dios no nos envió a la Universal por emoción, sino para agradarlo.
La persona a la que más podemos agradar está más cerca de lo que pensamos: es nuestra propia alma.
Jesús fue entregado como Cordero de Dios para lograr nuestra Salvación.