Habiéndole preguntado los fariseos cuándo vendría el reino de Dios, Jesús les respondió, y dijo: El reino de Dios no viene con señales visibles, ni dirán: «¡Mirad, aquí está!» o: «¡Allí está!» Porque he aquí, el reino de Dios entre vosotros está. Lucas 17:20-21
El mal quiere hacernos dudar de quiénes somos. Cuestiona nuestra identidad para que dudemos si somos hijos Suyos o criaturas.
Por otra parte, el mal también usa nuestras necesidades para tentarnos y que nos enfoquemos más en lo que precisamos que en el cuidado de nuestra alma.
Llevándole a una altura, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo. Lucas 4:5
Solo quien valora el Reino de Dios mantiene el foco en su Salvación.
Todo lo que no sea de Su Reino debe ser removido de nosotros. Quitar lo que no corresponde es una decisión personal.
Sin arrepentimiento no hay un querer sincero en agradarLo y entrar en Su Reino.
El Espíritu Santo llega cuando quitamos el reino de este mundo de nuestro interior.
El bautismo de arrepentimiento hace que todo sea nuevo. No resuelve problemas, sino que sepulta la vieja vida para vivir en novedad de vida.