José fue envidiado y calumniado, pero nos reveló un secreto: en ningún momento dejó que nada lo entristeciera; él eligió confiar en Dios.
Guardó respeto hacia Dios, con conciencia y disciplina, siendo siervo.
La Fe es un Don de Dios, y el propósito de la Fe es agradar a Dios.
La Fe que espera es la Fe verdadera. No se deja llevar por sus sentimientos.
Muchos no reciben el Espíritu Santo, no por no creer en Jesús, sino porque no se entregan totalmente.
La entrega tiene que ser Espíritu, alma y cuerpo. Una entrega total a Dios.
«… para que abras sus ojos a fin de que se vuelvan de la oscuridad a la Luz, y del dominio de satanás a Dios, para que reciban, por la Fe en Mí, el perdón de pecados y herencia entre los que han sido santificados». Hechos 26:18
La Fe es para la salvación. Mi experiencia con Dios no depende de la aprobación de nadie.
El secreto para que una Fe agrade a Dios no es que sea más grande o más chica, sino que la Fe esté limpia.
Tenemos que ser movidos por una certeza espiritual y no emocional.
El Espíritu Santo trabaja en nosotros cuando nosotros se lo permitimos.
Quien aprende a esperar en Dios tiene una Fe madura y firme.
¿Qué es el Reino de Dios y Cómo Vivir en Él? (parte 4)
La Fe no fue dada para satisfacer deseos humanos ni para alimentar nuestro ego. La Fe es un Don de Dios, y todo Don de Dios tiene un propósito. Y el propósito de la Fe no es exaltar al hombre, sino Glorificar a Dios.
La Fe nos conecta con la Voluntad de Dios, no con nuestra propia voluntad. Nos enseña a confiar, a depender y a rendirnos. La Fe no es poder para controlar; la Fe es entrega, sujeción y humildad en la espera.
Cuando observamos la vida de David, entendemos esto con mayor claridad. Él mató a un león y a un oso, pero no para demostrar que era fuerte ni para exhibir su habilidad. Luchó porque había una necesidad o un propósito: salvar a sus ovejas del peligro de muerte. Había un propósito detrás de su actitud.
Y cuando David se enfrenta a Goliat, una vez más no fue para su propia gloria. No se trataba de fama ni reconocimiento, sino de Dios: para Santificar el Nombre del Señor Dios de Israel.
Esto nos enseña una verdad poderosa: Dios no nos da Fe para que nosotros nos destaquemos. Dios nos da Fe para que Él Se Revele a través de nosotros, para Su Gloria.
Dios no nos da Fe para hacer nuestra voluntad, sino para Cumplir la Suya, a Su manera y en Su Tiempo.
Por eso, vivir por Fe es, ante todo, aprender a confiar y esperar el Tiempo de Dios. Es permanecer firmes, aun cuando todo parece tardar. Es seguir Creyendo en lo Invisible. Es entender que el silencio de Dios no es ausencia, sino un Trabajo Invisible.
Tal vez hoy Dios no te está enseñando a correr, sino a esperar. Porque quien aprende a esperar en Dios desarrolla una Fe madura, firme e inquebrantable.
Y son estos quienes viven el Cumplimiento de las Promesas.
«Ahora bien, la Fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». (Hebreos 11:1-2)
Continuaremos el próximo Miércoles.