Diariamente somos probados en tres niveles:
1_ La prueba de la fe: la obediencia. Sin el uso de la fe, desagradamos a Dios y pasamos a agradar automáticamente a los demonios. El justo vivirá por su fe y no la contaminará con sentimientos.
¿Qué decisión de obediencia extrema nos está pidiendo Dios en esta Hoguera Santa, aunque no entendamos el porqué?
2_ La prueba de la confianza: la espera. Mucha gente dice que cree en Dios, pero no sabe esperar: quiere todo en el momento y no a Su tiempo.
¿Cómo reaccionamos cuando Dios tarda en cumplir? ¿Dejamos de obedecer o seguimos confiando con esperanza?
3_ La prueba del amor: la entrega incondicional extrema. Este amor se trata de la dependencia en Él.
¿Qué estaríamos dispuestos a entregar hoy por amor a Dios? ¿Una amistad, un sentimiento, un plan, un rencor…?
Levantaos, vámonos; mirad, está cerca el que me entrega. Marcos 14:42
Quien tiene su fe, su confianza y su amor probados y aprobados, cuando llega el momento de la prueba máxima, logra levantarse.
En ese momento de dificultad, no debemos huir del amor a Dios ni de Su Palabra.
Confía callado en el Señor y espérale con paciencia; no te irrites a causa del que prospera en su camino, por el hombre que lleva a cabo sus intrigas. Deja la ira y abandona el furor;
no te irrites, solo harías lo malo. Porque los malhechores serán exterminados, mas los que esperan en el Señor poseerán la tierra. Un poco más y no existirá el impío; buscarás con cuidado su lugar, pero él no estará allí. Mas los humildes poseerán la tierra, y se deleitarán en abundante prosperidad. Salmos 37:7-11
Debemos confiar callados en el Señor y esperarlo. No nos debemos dejar dominar por la irritación.
Si nos dejamos dominar por la ira, terminaremos hablando cosas indebidas y destruiremos todo lo bueno que un día llegamos a construir.
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para obtener una herencia incorruptible, inmaculada y que no se marchitará, reservada en los cielos para vosotros, que sois protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo. En lo cual os regocijáis grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo, si es necesario, seáis afligidos con diversas pruebas, para que la prueba de vuestra fe, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; a quien sin haberle visto, le amáis, y a quien ahora no veis, pero creéis en Él, y os regocijáis grandemente con gozo inefable y lleno de gloria, obteniendo, como resultado de vuestra fe, la salvación de vuestras almas. 1 Pedro 1:3-9
Cuando conocimos por primera vez a Jesús, tuvimos la oportunidad de nacer de nuevo: del agua y del Espíritu Santo.
Jesús resucitó y nosotros lo conocemos a través de la Palabra y, mediante nuestra fe, obtenemos la salvación de nuestra alma.
Debemos usar la fe para agradar a Dios y para obtener la salvación de nuestra alma, y no para resolver nuestro querer o problemas.